No salgas corriendo a por una esterilla. No te va a hacer falta. (Pero si te sientes más cómoda con ella, ¡no te prives!)

Cuando digo empezar el día con Yoga no me refiero a que te pongas a saludar al Sol en pijama. (Aunque si lo haces seguro que tu cuerpo lo agradecerá).

El Yoga es bastante más que los ejercicios físicos, los estiramientos… las asanas, que sin embargo son lo más conocido y practicado en Occidente. (Y sientan muy bien, claro que sí).

Cuando digo empezar el día con Yoga, me refiero a comenzar la jornada con un momento de conexión contigo misma. Ya está. Así de sencillo. Algo como darse los buenos días, preguntarse qué tal se está, cómo has dormido, escucharse responder y asentir en silencio, acogiendo la respuesta.

Probablemente lo haces con otras personas todos los días. Es menos probable que lo practiques contigo mism@. Y es que no es tan fácil. Claro que puedes intentar hablar con el espejo, darte un autoabrazo y una palmadita. Y seguro que resulta. Pero es que lo que somos en el interior habla un lenguaje especial. Conectar contigo mism@ requiere hablar ese lenguaje (que por otro lado es tan sencillo e intuitivo que a veces lo olvidamos). Ahí van tres pasitos para crear ese momento de conexión que te ayude a sentirte con energía, motivada, serena, alegre y concentrada durante toda la jornada. Sólo necesitas 3 minutos:

  1. Respira. Sí, sí, respira. Pero como tu cuerpo te lo pida. Sería genial que bostezases, suspirases, gemieses o rugieses mientras lo haces, pero hazlo a tu gusto. Y si tu cuerpo lo acompaña desperezándose sin prisa y a fondo, ya llevas mucho ganado.
  2. Sonríe. Eso es, tal cual. Ponte cómodo. Sentado o como tú prefieras. Sigue respirando. Siente el aire entrando en tu nariz, las fosas nasales, la zona de los labios. Deja que se vayan estirando poco a poco dibujando una sonrisa. Escucha el eco de esa sonrisa dentro de tí. ¿Cómo suena? Ese eco puede cambiar cada día, se teñirá de tu estado del momento, sin duda, pero siempre será profundamente tuyo.
  3. Estás en casa. Lo que has oído. Ese espacio interior en el que resuena el eco de tu sonrisa, es tu hogar, tu casa. Una que te acompañará a donde quiera que vayas. Ocurra lo que ocurra. Acomódate en ella y respira unos segundos más. Tu casa interior estará ahí siempre que necesites. Segura, tranquila, y cálida.

Ya estás lista, listo. Abre los ojos poco a poco y sigue tu jornada respirando, sonriendo a la mínima excusa y siempre conectada contigo.

Que seas feliz.

Jorge Nadanta

 

Jorge es profesor de Yoga y Meditación por las Escuelas Naradeva y Om Shree Om, entre otras cosas. Fundó el centro Nadanta Crecimiento Creativo en 2012 y allí sigue compartiendo sus clases de Yoga.