¿Qué aporta el yoga a los educadores/as?

Para educar desde una aproximación respetuosa, el primer paso es respetarnos a nosotr@s mism@s. Por Rosa Pulido

En la anterior entrada nos centramos en entender qué aporta el yoga a la educación emocional (conectando con el cuerpo y escuchando a las emociones), y en esta ocasión tocaremos puntos clave sobre qué aporta a aquellas personas que trabajan o cuidan a niñ@s. Para ello lo analizaremos desde tres perspectivas: las propuestas de metodologías activas en educación, el respeto a las necesidades básicas en el desarrollo del niñ@ y el proceso de toma de consciencia de la propia persona que educa.

Respecto a las diversas propuestas de metodología activa en educación, éstas comparten la premisa de liberar al aprendiz del rol pasivo en el que se le ha situado en numerosas ocasiones, como mero receptor del conocimiento. En este sentido, los americanos Johnson, Johnson y Johnson (en su publicación Los nuevos círculos del aprendizaje. La cooperación en el aula y la escuela), nos recuerdan que la educación no debe ser una “estructura organizativa de producción masiva que divide el trabajo en pequeños componentes que los individuos realizan de manera aislada y en competencia con sus pares”. De este modo, para que el aprendizaje sea realmente significativo, debe darse dentro de un contexto de total respeto hacia la persona, que se encuentra en la difícil (a la vez que estimulante) tarea de aprender. Las diversas metodologías activas existentes plantean que la clave de ese respeto (tanto del aprendiz como al proceso de aprendizaje) está en el tipo de atención que ofrece el educador/a. Por este motivo la práctica del yoga y la introducción de conceptos de yoga y mindfulness en los contextos educativos nos pueden ayudar tanto en este sentido: permitiendo a los educadores/as, primero entender por qué la atención plena es tan importante, para después poder entrenarla. Como decimos, el primer paso necesario es aceptar que el conocimiento que se quiere transmitir no debe ser lo prioritario, sino el respeto a la persona y a su ritmo de aprendizaje. Para posteriormente practicar y practicar, hasta que se convierta en un recurso interiorizado, el tener una atención plena en todas nuestras interacciones educativas: pudiendo estar totalmente centrados en el niñ@, sin sorprendernos continuamente pensando en otra cosa, hablándoles con un contacto visual continuo, transmitiéndoles con nuestro lenguaje no verbal cuanto nos importa, etc. Para cualquiera de nosotr@s, que hemos sido educados de una manera más tradicional y centrada en la mera memorización de conocimientos, supone una gran dificultad el interiorizar este acompañamiento más respetuoso a la infancia, ya que no es el que recibimos. Pero, por ese mismo motivo, tenemos una gran motivación y necesidad de cambio, ya que queremos para las futuras generaciones un desarrollo pleno de todos sus potenciales, y sabemos que para ello el cambio es hacia una educación diferente.

En relación al respeto a las necesidades básicas del niñ@ en su desarrollo, debemos partir de la premisa de que el organismo tiene en su interior toda las capacidades necesarias y los mecanismos para desarrollarlas, aunque dependa de que el entorno lo

permita. Como plantea Rebeca Wild, fundadora del proyecto de escuela activa Pestalozzi, en su libro Etapas del desarrollo, “el interés debe residir en comprender mejor el significado de las actividades espontáneas de los niños, lo que implica no dirigir sus interacciones con el caos externo, sino, en la medida de lo posible, por un lado brindarles circunstancias enriquecedoras sin peligros activos, y por el otro darles mucha atención y respeto a sus procesos de vida. En caso contrario corremos el peligro de acelerar artificialmente el desarrollo y no respetarlo”. En este sentido, como profesores/as o como padres y madres, familiares, en numerosas ocasiones nos encontramos más centrados en la premisa de “¿en qué fase debería estar mi hij@?” (qué debería hacer a qué edad), en lugar de aprender a observar en qué momento de su desarrollo se encuentra y cómo acompañarle de la manera menos directiva posible. De nuevo, esta dificultad para ser respetuosos con los procesos de desarrollo de los niñ@s tiene que ver con el tipo de crianza/educación que en su día recibimos. Pero, igualmente, nuestras limitaciones son también nuestro mayor motor de cambio. Sentir que nuestro desarrollo pudo no ser respetado, y ser conscientes de sus consecuencias, es lo que nos llevará a querer educar y criar de una manera diferente. En este sentido el yoga y el mindfulness también tienen mucho que enseñarnos al respecto. La clave de una crianza/educación respetuosa está en el desarrollo de la habilidad de observar al otro. Observar sin juzgar, sin interpretar, simplemente aceptando en qué momento se encuentra la otra persona. Este tipo de observación, que se entrena de manera continuada en la práctica y enseñanza del yoga, es la que nos permite, en cualquier contexto de interacción con niñ@s en desarrollo, entenderlos antes de reaccionar y poder proporcionarles un mejor acompañamiento.

Por último, también es importante resaltar el proceso de toma de consciencia en el educador/a que supone este tipo de educación respetuosa, aunque ya ha ido apareciendo en los párrafos previos. Citando nuevamente a la pedagoga Rebeca Wild, “el adulto que se compromete con el proceso del niño puede tomar contacto con su propia infancia, fortalecer su membrana que lo protege de las presiones del mundo, y así sentir también sus propias necesidades y compararlas con las del niño (…). Cada etapa no es solo un nuevo paso en el desarrollo de los niños, sino también de los adultos que interaccionan con ellos. Al observarles y estar presentes, los adultos cambiamos nuestras propias estructuras cerebrales”. En este sentido, cualquier persona que trabaje o interaccione con niñ@s debe tener presente esta necesidad, a la vez que oportunidad, de trabajo personal que debe realizar. Entender cómo nos afectan las interacciones que llevamos a cabo con los más pequeños (qué situaciones nos cuestan más, con qué niñ@s tenemos más dificultades, etc.), también es entendernos un poco mejor a nosotr@s mis@s. Por lo que, para poder llegar a respetarlos como se merecen, debemos empezar por respetarnos y escucharnos un poco más.

Rosa Pulido es profesora de Psicología en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y colaboradora en el centro Nadanta Crecimiento Creativo. Actualmente asesora en el diseño pedagógico del programa y la coordinación de la formación de Maestro de yoga para niños, que se imparte desde la escuela Om Shree Om en Valladolid. Si quieres realizar algún tipo de consulta respecto a la información ofrecida, no dudes en escribir a formacionosovalladolid@crecimientocreativo.com