Existen numerosas bases teóricas, tanto desde el campo de la psicología como de la educación y las neurociencias, que nos permiten entender por qué el yoga es una herramienta que debe estar presente en todos los contextos educativos, tanto en la educación formal, el tiempo libre, como en tu propio hogar. Hoy nos vamos a centrar en entender qué aporta la práctica del yoga a la educación emocional.
En los últimos años se ha observado que esa primacía de la enseñanza de contenidos mentales y conceptuales, debe dejar espacio cada vez más a la educación emocional en las aulas. Pablo Fernández-Berrocal, miembro de la Unidad de Inteligencia Emocional de la Facultad de Psicología de la Universidad de Málaga, plantea la necesidad de “una revolución emocional en el sistema educativo y en la sociedad” y que hay que “invertir tiempo y recursos en conocernos emocionalmente” (puedes consultar su artículo completo pinchando aquí).
Para una mayor comprensión de por qué es tan necesario introducir la inteligencia emocional en nuestras aulas escolares hoy en día, podemos acudir a la comprensión de cómo es el cerebro. Dan Siegel, profesor de Psiquiatría en la Facultad de Medicina de la UCLA, y Tina Payne Bryson, psicoterapeuta de niños y adolescentes, en su libro “El cerebro del niño. 12 estrategias revolucionarias para cultivar la mente en desarrollo de tu hijo”, plantean la urgencia de ayudar a los niños y niñas a desarrollar un “cerebro pleno”. Para ello sugieren, entre otras actuaciones, la de integrar los dos hemisferios cerebrales. Así, el cerebro izquierdo, más lógico, debe trabajar como si fuera un equipo con el derecho, más emocional. Esta mitad derecha del cerebro recoge información del cuerpo y de las estructuras cerebrales que procesan las emociones (el sistema límbico). Por eso hay que enseñar a los niñ@s a atender y procesar este tipo de información, y en este sentido el yoga aporta una gran base. En cualquier sesión de yoga infantil veremos actividades que buscan conectar con esa información corporal (¿Cómo está tu cuerpo hoy? ¿Hay alguna parte de tu cuerpo que se encuentre rara o diferente? ¿Cómo han venido tus pies esta tarde a clase? ¿De qué tienen ganas?) y con la información emocional también (¿Con qué personaje de cuento te identificas en este momento y por qué? ¿Cómo qué animal te sientes ahora mismo y por qué? Después de oír el sonido del cuenco, ¿cómo te sientes?). Todo ello siempre adaptado a la edad de los participantes y a su nivel de comprensión.
Justamente esta capacidad del yoga de ayudarnos a conectar y a escuchar nuestro cuerpo es la clave que le diferencia de otros programas de educación emocional, que se centran únicamente en ayudar a los niñ@s a poner nombre a sus emociones. Como hemos visto ese es un paso importante para el desarrollo del “cerebro derecho”, pero siempre tiene que estar en relación con la capacidad de interpretar la información que nos hace llegar nuestro cuerpo. Aquí el yoga tiene un papel clave, ya que en todas las sesiones se busca esa integración de la información del cuerpo, mente y emociones, que justamente es la definición misma de esta práctica (yoga = unión). Rafael Bisquerra, director de diversos programas de Postgrado sobre Inteligencia Emocional en la Universidad de Barcelona, plantea que los contenidos de la educación emocional deben girar “en torno al conocimiento de las propias emociones, el manejo y control emocional, el conocimiento de las emociones de los demás, la utilización de las emociones como factor para automotivarse; la prevención de los efectos perjudiciales de las emociones negativas, la potenciación de las emociones positivas, la aplicación de estos conocimientos en las relaciones interpersonales, en el trabajo, en la vida social, en los momentos de conflicto, etc.”, contando para ello con actividades como “la introspección, relajación, meditación, mindfulness, respiración, imaginación emotiva” (entre otros). Todos los aspectos anteriormente mencionados son clave en una sesión de yoga infantil.
Por lo tanto, cualquier programa de educación emocional no debe quedarse únicamente en enseñar qué emociones existen, sino a identificarlas en la propia persona primero y posteriormente en el otro. Para lograr dicha identificación es necesaria una gran consciencia corporal y un trabajo de vinculación de cómo está relacionado como está nuestro cuerpo, con como nos sentimos y con como vemos e interpretamos las vivencias que atravesamos. Esto, como acabamos de mencionar, es la esencia del yoga, por lo que enseñar a los niñ@s a tener esta consciencia y estas habilidades es dotarles de recursos personales para toda la vida.

Rosa Pulido es profesora de Psicología en la Universidad Nacional de Educación a Distancia y colaboradora en el centro Nadanta Crecimiento Creativo. Actualmente asesora en el diseño pedagógico del programa y la coordinación de la formación de Maestro de yoga para niños, que se imparte desde la escuela Om Shree Om en Valladolid.

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