Calma, calma… No pienses que voy a soltarte aquel discurso del trabajo dignificador y demás. Soy consciente de que la mayoría de los trabajos son un asco. A veces por la tarea en sí. Otras son las circunstancias que la rodean…

Así que vaya por delante mi admiración hacia todas las personas que conseguís sacar adelante vuestra jornada laboral, incluso aportar cosas interesantes al mundo, ¡y hasta disfrutar! a pesar de todo lo que suele haber en contra.

Mi trabajo tampoco es perfecto, no creas. Por si andas despistad@ te aclaro que soy profesor de yoga y meditación. (Bueno, ése es uno de mis trabajos: también soy actor, community manager…)

Pero de lo que te quiero hablar es de mi trabajo de dar clase de yoga (y meditación).

Como trabajo tiene algunas inconvenientes serios: precariedad, horarios raros… Pero algunas ventajas indudables.

Inciso: [Y no es una de las menores el hecho de que la ropa de trabajo sea prácticamente… un pijama. ¿Te imaginas trabajar en pijama, tan cómodo, sin cinturones, cuellos, corbatas, monos, tacones, maquillajes? Pues yo siempre trabajo así. Lo sé, es un privilegio, soy consciente. Si además, como yo, das clases on line desde casa… ]

Ya está ya me he liado. Tampoco es eso de lo que te quería hablar.

Lo que te quiero confesar es que: menos mal que trabajo de esto.

Dando clases de yoga y meditación.

Porque si no no sé dónde estaría a estas alturas.

Lo digo con total sinceridad. Estaría con alguna enfermedad crónica o mental grave, o quizá ni estaría ya.

Dar clase me sienta de maravilla. No me ha cambiado la vida, que también. Me ha salvado la vida.

Otra confesión: no soy de las personas a las que les sea fácil mantener una práctica de forma autónoma. Para mí «disciplina» es una palabrota. No me entiendas mal, soy un tipo currante a tope y muy comprometido con los proyectos en los que estoy.

Pero cuando es cuestión de cuidarme… ay. Ahí me cuesta mucho dar la prioridad necesaria. Y si además quiero practicar de forma cotidiana: un rato de movimiento, unos minutos de meditación… por mi cuenta, cosa que yo sé que es fenomenal, y que recomiendo todo el rato… Pero me cuesta un montón.

Así que me salva… que soy el profe. Y como soy un tío responsable y comprometido (y me gano la vida con ello) sé que tengo esos 3, 5, 7 momentos en la semana en que estoy para mis alumn@s, en movimiento y concentrado. Y después de cada clase me encuentro, siempre, mucho mejor.

Y l@s alumn@s, también, claro. Pero en ellos es más fácil, están a lo suyo, en su cuerpo, conectándose… es su momento. Pero yo no, dar la clase no es lo mismo que recibirla. Que me salgo de las posturas, que no hago las secuencias completas, que estoy pendiente del grupo… Vamos, que no es la mejor práctica del mundo dar clase, desde luego.

Y a pesar de ello… Me sienta fenomenal. Así hecho mal y pendiente de otras personas. Pero funciona. Y me da la vuelta al día…, y me mantiene flexible y ágil, y conectado con mi cuerpo y mi mente, y me regula emocionalmente, y me recuerda que soy… una persona.

Así que si al profe que lo hace a medias le sienta tan bien…

Imaginate lo bien que te puede sentar a tí recibir las clases.

También hacerlo por tu cuenta, desde luego.

Pero si eres de los míos, de los que nos cuesta hacerlo si no tenemos el compromiso de un grupo y un horario…

No lo dudes, da el paso adelante y RECUPERATE PARA TÍ MISM@.

Además como son on line en directo no tienes ni que salir de tu casa, o tu trabajo o negocio. Más fácil no se puede poner.

No digo que te vaya a cambiar la vida, o salvartela, aunque lo haya hecho por mí. Pero sé positivamente que cada clase te va a dar un buen empujón en la buena dirección.

¿Cuál es esa? ¿No lo sabes? Lo dudo… pero eso ya lo hablamos otro día.

Hoy… apuntate a yoga. O aprende a meditar.

Dame un toque: 685818824 , whatsapp, telegram, o sms.

Si te inscribes antes del día 7 tienes matrícula gratuita.

Pero no lo dejes hasta entonces, porque me gusta trabajar con grupos pequeños y las plazas se acaban.

Un abrazo. Que seas feliz.