POR LA LIBERTAD DE ELECCION SOBRE LA SALUD

En defensa de la razón

Las personas que, de alguna manera, defendemos la libertad, estamos viviendo atónitos desde los tres últimos años, y especialmente desde que se ha producido el último cambio de gobierno, al ver como, en un país “democrático” como el nuestro se está viviendo está campaña de persecución y criminalización de todo aquello que no lleva el sello de la industria farmacéutica, cuando se trata de ayudar a las personas a aliviar sus síntomas o sanar.

Estamos siendo testigos de cómo personas inteligentes, tanto desde los círculos oficiales del colegio de médicos, como desde la política, e incluso de forma masiva, desde los medios de comunicación, han podido caer en la trampa de pretender coartar la libertad de las personas, en aras de proteger a los miles de usuarios convencidos de las terapias alternativas o complementarias. Nos han llamado charlatanes, embaucadores, han hablado incluso de denunciarnos y encarcelarnos. Y no se dan cuenta de que, si somos un colectivo cada vez más numeroso es porque probablemente algo estamos haciendo bien. Y no se dan cuenta de que, la inmensa mayoría de las personas que estamos realizando este tipo de terapias, introducidas en el cajón de sastre “pseudoterapias” para tantas cosas diversas, lo hacemos por un afán de servicio, y no con la intención de enriquecernos a base de timos. No se dan cuenta de que los médicos que hemos optado por este tipo de actividades nos hemos visto movidos por un impulso para mejorar las posibilidades terapéuticas de los pacientes sin producir efectos colaterales, que afectan nuevamente la salud, y que hemos invertido para ello muchas horas de estudio y dedicación que nos podríamos haber ahorrado.

¿Cómo es posible que, una vez más, tantos siglos después, asistamos a una nueva versión de la caza de brujas, en un mundo global, donde decenas de países del mundo civilizado reconocen muchas de estas terapias y algunas incluso son sufragadas socialmente? ¿Es que el ser humano no aprende nada? Hay una respuesta muy clara a todas estas preguntas: El poderoso lobby de la industria farmacéutica está detrás de todo esto, y detrás del afán protector de ciudadanos, a los que presumen incapaces de pensar por sí mismos, no hay otro interés que el económico, que es el mismo que les lleva a producir medicamentos cada vez más caros, manipulando la idea de ciencia, generando leyes que no permiten que surjan remedios que sean realmente útiles si no les dan beneficio a ellos. Su sombra es alargada, y afecta a los políticos, instituciones y medios de comunicación que les secundan. Mientras todos ellos continúan con su estrategia trasnochada inquisidora, los terapeutas y pacientes, con otra amplitud de miras, seguiremos trabajando para conseguir lo que más nos interesa, que es el mayor beneficio con el mínimo daño para los pacientes.

Dra. Lola González Capilla, Medico colegiado, Naturopata y Homeopata

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