Son tiempos complicados. Las circunstancias cambian mucho de una persona, de un cuerpo a otro. Si estás sóla o acompañado; si estás trabajando en casa, fuera, o en ningún sitio; si tienes ingresos o no; si vives en una casa con jardín o en un micropiso sin luz. En común tenemos, sin embargo, la incertidumbre, y el miedo y la ansiedad que la acompañan a ella y a los cambios que se avecinan o ya están aquí. Y la necesidad de cuidarnos. De darnos espacios dónde escuchar cómo estamos, y ver cómo podemos atendernos mejor. Hay quien tiene muy currado esto del autocuidado. Muchos confundimos mimarnos con consentirnos. Y aunque a veces pueden aproximarse no son lo mismo. Muchos chicos (por esa masculinidad tóxica que tanto daño nos hace a nosotros, a ellas, y al mundo), no sabemos ni por dónde nos andamos, no sabemos escucharnos y cuidar lo tenemos prohibido. Como mucho proteger, y a las demás.
En fin que no es fácil.
A mí escucharme no se me da mal. Cuidarme mucho menos. Una cosa que hago es llorar, cuando veo que se me anuda el llanto en la garganta. Cuando el nudo es fuerte, me ayuda muchísimo cantar para liberar el llanto. En general cualquier modo de expresión me ayuda a conectar conas emociones y empezar a soltar presión. Cantar siempre me ayuda, me libera, me recarga.
Otra cosa que hago para cuidarme es dar clase de yoga y meditación. Me sienta fenomenal. Tengo la suerte de tener entre otros este oficio que me permite trabajar en pijama y que me hace tanto bien, o más, como a las demás.
Y tú
¿qué haces para cuidarte?
¿Y qué estás haciendo ahora?